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16 de octubre de 2012
¡Un moco!
Era la primera noche del campamento, yo acababa de llegar a la habitación junto con L (6 años), a quien había acompañado a lavarse los dientes. G (4 años) estaba sentadito en su cama, arropado ya y sosteniendo, en su mano derecha su almohada preferida y su biberón, y en su izquierda una pequeña linternita con la que, concentrado, alumbraba algo en la pared. Al verlo así, me acerqué curiosa para saber qué era lo que alumbraba, y él con sus ojos serios me miró y respondió "Un moco". No pude hacer otra cosa que reir y reir, él al verme hacerlo rompió en una gran carcajada que aún no se si salió como respuesta o si realmente era consciente de la situación. La cuestión es que, después de todo, aquel moco sigue ahí, pegadito a la pared, como victima de todo y en consecuencia de que nadie encontró el suficiente valor para poder despegarlo aún.
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